Sunday, November 25, 2012

0 ''Cegeteando'' - Relato Del Presente.

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En las últimas semanas el vamos por todo se ha reconvertido. Ahora es un vamos por lo que quede en el fondo de la olla, pero en quinta y a fondo, una joda que resultaría divertida si no fuera porque nos llevan puestos a nosotros. Al día siguiente del mentado 8N, la Presi acusó un "no me dolió" mientras afirmaba que ella siempre escucha a la gente, aunque sean ultraconservadores y no entiendan que hay cuestiones más importantes, como las elecciones internas del Partido Comunista de China. Afortunadamente, en su círculo íntimo le sugirieron que busque reconquistar a los sectores contreras de la sociedad. Y Cris hizo caso: dijo que ella y sus 72 millones de patrimonio declarado se sienten orgullosos de pertenecer a la clase media.


Nosotros, entre tanto, no tuvimos tiempo de reclamar la millonada que nos corresponde por pertenecer a ese sector que es pobre para ahorrar, pero riquísimo para pagar impuestos, dado que recibimos la denuncia presidencial de que los dirigentes gremiales nunca pierden sus trabajos. Se ve que la exitosa abogada nunca estuvo muy de acuerdo con la garantía de la que gozan los representantes de los trabajadores para que ninguna patronal medio tirana se saque de encima a los revoltosos mediante un telegrama de despido. Este mensaje falto de criterio tenía entre sus destinatarios a quienes cumplirían con una de las atribuciones que la ley les permite al convocar a una huelga nacional.

Cuando un funcionario kirchnerista dice que el día está hermoso, hay que salir con paraguas, piloto, galochas, botitas de goma y un ancla, por si las moscas. El clima en la Rosada el martes 20 de noviembre fue el acorde a la jornada vivida: mucha cara de enojo y gritito ofendido para hablar de algo que, según ellos, fue inofensivo. La afirmación de que el paro no tuvo acatamiento voluntario, sino que se forzó la situación mediante piquetes, no sólo es de llorones, sino que falta a la verdad en el punto que nadie puede explicar dónde estaban guardados los millones de laburantes que viven y trabajan dentro de la ciudad de Buenos Aires y fuera del microcentro.

Puedo entender el comentario lastimoso de parte del cristinismo tardío, esos que empezaron a tener cierta relevancia recién después de la muerte de Néstor -¿Alguien recuerda qué hacían de su vida muchachos como Kicillof o De Pedro antes del 27 de octubre de 2010?- y que hoy se sienten los depositarios de la madre de todas las ideologías, aunque no saben bien en qué consiste la misma. Me permito comprenderlo en ellos porque nunca supieron -ni se calentaron en aprender- en qué consiste el organigrama del poder. Gobierno y Estado les resultan sinónimos y el poder es sometimiento y obediencia, nunca convencimiento y diálogo. Obviamente, las dos metodologías funcionan a la hora de construir poder, aunque con resultados opuestos.

En cambio, escuchar a tipos como Julio De Vido o Aníbal Fernández, puede que irrite un poco, no porque uno no esté acostumbrado a escuchar sus guasadas, sino por el palo del que provienen. Sin embargo hay que reconocerles que han colaborado como nadie en el diagnóstico de la situación actual del oficialismo. Porque no es lo mismo que Abal Medina nos demuestre que se crió como niño rico al asustarse porque en una huelga hubo cortes y bombos, a que Aníbal se mofe de Vandor y Julio De Vido afirme que el modelo sin Cristina deja de existir. Entre el Senador verbodiarréico y el ministro de Planificación, terminaron de firmar la fecha de defunción del kirchnerismo: 10 de diciembre de 2015.

Mientras todo esto pasaba, Cris mostró su mejor cara durante el acto por el Día de la Soberanía y se rodeó de tres banderas por aplaudidor, para demostrar que es más gorila que Isaac Rojas, Aramburu y Lonardi al calificar de "apriete" a una huelga nacional amparada por la constitución y decretada por una central de trabajadores protegida por la ley. Luego desmintió a Abal Medina, al afirmar que los verdaderos piquetes eran los efectuados en Cutral Có durante la década del ´90. Interesante: Cutral Có es un pueblo pretolero en el que la gente salió a cortar las rutas en reclamo por haberse quedado sin trabajo por medidas que incluían a la privatización de YPF. O sea, el piquete de Cutral Có fue resultado de una política impulsada por personas como Néstor Kirchner y Cristina Fernández, regalías petroleras mediantes. La maravilla del relato: piquetes son los que le hacían a los peronistas petroleros de los ´90, cuando Néstor y Cristina hacían la oposición silenciosa gobernando desde Marte. Resultó extraño que la Presi no recordara, también, que huelgas como la gente eran las que le hacían a Menem desde el sindicalismo disidente comandado por Moyano y su MTA.

Entre los peronistas que salieron a bancar al gobierno después del paro nacional, se destacaron Floppy Randazzo -que hace quince años dormía en la oficina para ahorrar y hoy viste trajes de cincuenta luquitas- De Vido, Fernández y el inefable gobernador bonaerense, quienes quedaron pegados a tipos como Yaski, el líder de la CTA Rosada que afirmó que el paro fue un fracaso, a pesar del 80% de los docentes afiliados a su central obrera que se adhirieron al mismo. El resto, boyó entre el silencio y la bronca, como en el caso de Antonio Caló, lider de la CGT Balcarce, que se tomó un poquito a mal que el kirchnerismo utilizara a Vandor para fustigar al moyanismo. Lo que no quedó muy en claro si es que a Caló le molestó que no respetaran la memoria de Vandor, o utilizó esta vía como catarsis al ver desde afuera la fiesta sindical. Desde el moyanismo fueron más directos con el senador Fernández y le dedicaron un cariñoso "morsa aplaudidora", por lo que, supongo, deberían pagarme derechos de autor.



"Morsa aplaudidora"

Creo que uno de los grandes signos del desbarranque del peronismo se dio cuando el sector político se creyó superior al movimiento obrero organizado. Desde entonces, el Partido Justicialista dejó de ser el partido de los trabajadores, y empezó a ser conocido -sin que nadie se sonroje- como el partido de los pobres. En este aspecto, la dirigencia política peronista se comporta como si el sindicalismo no fuera necesario, a pesar de la notoria diferencia entre una Plaza de Mayo llena en 2008 y un despoblado Parque Lezama en 2012. Declaraciones como las de Aníbal Fernández están más cerca de los cantitos de la JP de la Tendencia que de aquellos tipos que pusieron el cuerpito públicamente y no desde la clandestinidad. Pareciera mentira que tengamos que debatir sobre si Vandor fue un traidor o protegió los intereses del movimiento obrero como pocos. Me es difícil aceptar que desde la comodidad de nuestros teclados pacifistas, en pleno siglo XXI, analicemos si fue justo o no el asesinato de un líder sindical. Los monitos de ese oxímoron autodenominado izquierda peronista no mataron a Vandor por ser traidor a Perón, lo mataron por ser un tipo un tanto duro con el entrismo y que, por si fuera poco, acababa de hacer las paces con el exiliado General. Y el verso de estos mamertos que jugaban a los soldaditos de plomo con la sociedad, quedó demostrado cuando se cargaron a Rucci por ser, para ellos, igual de traidor que Vandor. No tuvieron otra excusa: Perón estaba en el país, había democracia, el General acababa de ser electo por el 62% del padrón y agradecía públicamente a los líderes sindicales. Salvando las diferencias metodológicas, el corporativismo del poder no puede evitar comportarse del mismo modo que aquellos muchachos incapaces de convencer a un laburante para que llevara a cabo la revolución socialista: los logros no fueron gracias al movimiento obrero organizado, sino a ese tercio de la Plaza de Mayo que dice ser "el pueblo" mientras fustiga por gorilas y burócratas a los que allanaron el camino y la permanencia en el poder.

La patria contratada agrupada en El Kirchnerismo S.R.L, fluctúa entre la incomprensión y el manotazo de ahogado. A los manifestantes del 8N nos dijeron que nos busquemos un representante y ganemos una elección. A los sindicalistas del 20N, también. Podrían buscar otro argumento, al menos en este último caso, dado que un buen sector de la sociedad se encuentra afiliado a algún gremio y votó en elecciones a sus representantes en materia laboral. Y ahí están, haciendo lo que les corresponde: reclamar.

Nuevamente se ofendieron y nos dijeron cómo tenemos que putearlos. Si vamos al 8N, tenemos que tener cuidado porque está presente Pando -ama de casa- si adherimos a la huelga de la CGT, tenemos que prestar atención a los chacareros. Si nos movilizamos por nuestra cuenta, somos golpistas sin representación. Si el bote lo mueven los gremios, somos golpistas organizados. Da lo mismo si se juntan un millón de personas o si paran gremios más peronistas que los caniches del General: si se putea al gobierno, se es gorila y contrario al interés del pueblo y de los trabajadores. Ellos, mientras tanto, no tienen ningún problema en felicitar en público a Cornide -líder del lock out patronal y miembro de la Comisión Reivindicadora de la Revolución Libertadora- o de sumar a confesos antiperonistas de la talla de Sabbatella. Sin ninguna vergüenza han permitido que Amado Boudou utilice el Twitter del iPhone para darnos clases de lealtad peronista un 17 de octubre desde Puerto Madero, pero se ofenden porque sindicalistas con cuatro décadas de quilombos sobre sus espaldas arman un paro como la gente.



Moyano, Alfonsín, Daer y Ubaldini.

El movimiento obrero comandado por Saúl Ubaldini le hizo el primer paro a Alfonsín a menos de un año de haber asumido la presidencia de la Nación. Alfonsín siguió por cinco años más, a lo largo de los cuales se le realizaron otras doce huelgas. Moyano le organizo catorce paros a Menem, algunos de 48 horas y hasta cuatro huelgas en un solo mes -septiembre de 1998- y sin embargo, Menem terminó su mandato en tiempo y forma. Al kirchnerismo le hacen una huelga de un día, después de nueve años, y lloran como Silvio Soldán al grito de "no puede haber tanta maldad." Son actitudes frente a la vida, son formas de ejercer el poder. Algunos lo construyen, otros lo heredan y al resto le llega de pedo. Los primeros saben conservarlo, los otros no tienen la más pálida idea y buscan fantasmas que justifiquen que haya sectores de la sociedad que ya no los quieran, como si no fuera un sentimiento lógico ante las actitudes del gobierno nacional.

Con la soja en caída libre, los bonos saltando al vacío, las reservas en reserva y la sensación de que las únicas dos cosas que suben son la inflación y el patrimonio de Cristina, De Vido tuvo que salir a recordar que si la Presi no es requetereelegida, se les acaba la joda, como si hiciera falta aclarar que sin estar en el gobierno, ninguno es capaz de ganarse 50 pesitos en la calle. El futuro nos promete diversión en abundancia. Será tremendamente divertido ver cómo los que juraron nunca votar al fascista partido justicialista y hoy nos tildan de gorilas por no amar a la Presi, vuelven a su eterno devenir falto de individualidad y autodeterminación en el que practican su heroísmo puteando en la mesa familiar, pero sin levantar la voz ni en las reuniones de consorcio. Entre tanto, los que provienen de otros partidos pero creyeron en el modelo nacional y popular, ya empiezan a chocar contra todo el mundo en la desesperación de saber que algunos serán estigmatizados por sus antiguos copartidarios y otros volverán al techo electoral que los acompañó toda la vida: el 1,2% del padrón en todas y cada una de las elecciones. El resto, no pierde la esperanza y ya empieza a dejarse las canas y a blanquearse los dientes color Liquid Paper, ante la incógnita de si el próximo presidente tomará té de peperina o no podrá bailar la Macarena.


Viernes. Y esta joda la pagamos nosotros.

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